lunes, 23 de agosto de 2010

Amigo invisible, para Ani de - http://www.esfantastico.blogspot.com/

Hola a todos, hoy os traigo un relato que le he escrito a Ani, mi amiga invisible en el foro de Adictos a la escritura. Siento mucho que esté sin acabar pero prometo seguir con él, era imposible terminarlo en un día, como veréis. Muchos besos a Ani y a todos, y espero que te guste. El título provisional es "Gaya Kinov".

1

En el escenario retumbaba una canción de The Muse, cuyas notas llenaban con estruendo todo el Pabellón de deportes de Alicante. Estaba cansada de servir copas, parte de mi misión esa noche. El sublevado no había aparecido aún, y no creía probable que utilizara ningún tipo de hechizo para esconderse. Normalmente los magos que osaban traspasar la ley tantas veces, no se molestaban en aquellas minucias.
Entre la población humana se podía distinguir, gracias al característico color de sus ojos, a algunos magos y brujas. La entrada a este mundo nos estaba permitida, aunque las brujas mestizas como yo solo lo podíamos hacer en las misiones de los Emblematic, la orden de magos que dominaba nuestra isla, Tridente.
Me miré un momento al espejo que había tras la interminable fila de licores, y pude ver el reflejo de unos ojitos brillantes que me miraban.

- ¿Cómo va la caza, Gaya?- Priscila, mi compañera de cuarto y de batalla, se aupó sobre la barra y me dio un estridente beso en el moflete- No se detecta mucha actividad mágica, pero aquel morenito es bastante interesante ¿verdad?
- Todavía no he visto al mago, puede que no aparezca esta noche.
- Bueno, para nosotras mejor, así podemos volver mañana- Priscila se dio la vuelta y miró de nuevo a su objetivo particular- Creo que me voy a deshacer del hechizo oculoshumanis y me voy a acercar a ese chico.
- Priscila no hagas tonterías de las que después te vayas a arrepentir- intenté utilizar mi más terrible tono de enfado, pero en el fondo, la idea de Priscila me divertía- Tienes que vigilar la periferia.
- Relájate nena, y tómate una copa por las dos.- Me guiñó un ojo seductora mientras se alejaba contoneándose- Ahora vuelvo.

Los ojos de los magos y las brujas eran de colores imposibles para los humanos: rojos, amarillos, violeta, plata… Los ojos de las mestizas como Priscila y como yo, tenían el iris formado por dos círculos concéntricos. El interior del color de nuestro progenitor humano, en mi caso azul como los de mi madre, y el exterior del padre o madre mágico, en mi caso violeta. El hechizo oculoshumanis nos permitía ocultar estos colores extraños, para que los humanos no nos descubrieran, aunque cualquier mago o bruja podría distinguirnos. También utilizábamos este hechizo ya que para un humano, ver nuestros ojos naturales, provocaría cierto efecto hipnótico.

Me quedé mirando a la multitud, vigilante, y pude ver como la puerta lateral del pabellón se abría. Una figura alargada y oscura se empezaba a abrir paso entre la masa de personas, que bailaba enloquecida The Resistence. La oscuridad llenaba el espacio que había entre el desconocido y yo, pero gracias a los flashes de luz que iluminaban intermitentemente al público, pude distinguir un pelo negro y liso a la altura de los hombros. El mago que buscaba, coincidía con lo que hasta el momento podía observar, pero me inquietaba no poder ver el brillo de sus ojos. Esperé hasta que llegó a la barra, y un escalofrío me recorrió de pies a cabeza. Sus ojos eran de un tono marrón claro normal, eran unos ojos humanos. Además no llevaba la pequeña capa que siempre cubría los hombros de magos y brujas, ocultando unos pequeños tatuajes propios de cada familia mágica. En su lugar lucía una chaqueta negra de cuero. Todos los demás rasgos coincidían con el mago al que buscaba, el que los Emblematic me habían encargado matar. Cuando tenía doce años empecé a hacer encargos para ellos, y durante los siete años que habían pasado desde entonces, nunca me habían mandado matar a un humano. Los considerábamos inferiores, pero siempre los habíamos respetado.
El chico se acercó a mí, con una ligera sonrisa colgándole de sus gruesos labios.

- Hola, me gustaría tomar un whisky con coca cola por favor- dijo con tono seguro.
- Bien- me quedé mirándole un momento, intentando buscar algún argumento que me ayudara a confirmar quién era- Necesito tu carnet de identidad para servirte la copa.
- ¿Cómo dices?- fijó sus ojos en mí con intensidad, y la pequeña sonrisa tornó en una mueca burlona- ¿Crees que no tengo la edad para tomar alcohol?
- Yo no he dicho eso, pero me exigen pedir el carnet a todo el mundo.
- Vale, no hay problema.

El chico se puso a rebuscar en el bolsillo interior de su chaqueta. Tenía los hombros anchos, y visto de cerca era muy alto. Mientras tanto, un hombre se acercó entre la masa de gente, con una mujer cogida de la cintura. Ambos se reían sonoramente, y se dirigieron a mí casi gritando.

- Un ron con coca cola por favor, morenaza- me dijo el hombre, dirigiéndome una mirada lasciva- Ponle mucho amor, ¿eh?
- Le pondré ron, coca cola y un cubito, y si me dices alguna gilipollez más, una patada en el culo- le dije con desprecio.
- Uy como está la peña por aquí- la mujer que iba con él me soltó los cinco euros con todo el desdén que supo derrochar- Gracias hermosa.

Cuando les di el cubata, se alejaron sacándome el dedo corazón a la vez. Los humanos algunas veces eran de lo más cargantes. Cerré los ojos intentando sacudirme el cabreo, y cuando los abrí, vi que el chico no mágico, mi objetivo, me observaba con curiosidad.

- Creo que se te ha olvidado pedirle el carnet a esos dos, así que yo no te lo pienso dar- volvió a sonreír de forma sumamente irritante- Y creo que no deberías tratar así a la gente, ¿no te gusta que te digan cosas bonitas o qué?
- Estoy trabajando, no en un concurso de cómicos, además no suelo ir repartiendo amor por ahí.
- Lástima, ¿me vas a poner mi copa?- se apoyó sobre la barra, acercando un poco su cara a la mía-Tengo cosas que hacer.
- A mí eso no me importa demasiado,- le devolví la mirada con hostilidad- pero te pondré esa copa.

Mientras preparaba la bebida, lo vigilaba por el rabillo del ojo. En ese momento estaba despistado, mirando al escenario. Los humanos se parecían en cierto modo a la población mágica, y por la manera de hablar no iba a conseguir distinguir su procedencia. Tenía que conseguir verle los hombros, tenía que lograr de algún modo saber si era el mago que estaba buscando, ¿podían los magos tener gemelos humanos? No lo creía posible, pero quizás era obra de algún hechizo de duplicidad.

- ¿Sabes que tenemos servicio de guardarropa?- le dije, intentando parecer simpática- Si quieres, yo misma puedo dejarte allí la chaqueta.
- ¿Y ese acceso de gracia por tu parte? ¿Dónde ha quedado la chica que iba a patear el culo de esos dos?- la voz del chico estaba teñida de diversión.
- Si se me trata bien, yo soy una persona educada- dije, intentando dibujar una sonrisa en mi cara- ¿entonces me la das?
- La sutileza no cuenta entre tus dones desde luego, la belleza sí- hizo una pausa mientras me contemplaba, lo que muy a mi pesar, tiñó mi cara de un rojo carmesí- Primero me dices que soy un adolescente, y después me quieres quitar la ropa, ¿qué quieres de mí?
- ¿Eres de por aquí?
- No.
- ¿Estás de vacaciones?
- No.
- ¿Has venido con alguien?- discerní que estaba siendo demasiado directa, por lo que añadí con lo que yo creía picardía- Sí quieres, invito a tus amigos y a ti.
- No gracias, he venido solo- tumbó su torso sobre la barra, quedando a unos centímetros de mí, y aunque quería alejarme, su cuerpo me atrajo como por arte de ¿magia?- Si quieres te cuento un secreto.
- Mira, no se cómo te llamas, pero no tengo tiempo para tonterías- y aunque las palabras brotaron de mis labios, no moví ni un músculo de mi cuerpo.
- Esteban- siguió sin despegar sus ojos castaños de mí, parecía que nuestros papeles de depredador y presa se habían invertido- Pues cómo te decía tengo un secreto.
- ¿Por qué estás aquí?- mi voz tenía un ligero timbre histérico- Es raro que un chico como tú esté solo en un sitio como éste.
- Es lo que intento explicarte, ¿cómo te llamas?
- Gaya- mierda, había dicho mi nombre, pero ¿en qué clase de imbécil estaba convirtiéndome?- Aunque no te importa.
- Gaya, estoy aquí de caza.

La sangre se me heló en las venas por un instante, para acto seguido, bombear con un fuerza sobrenatural para concentrarse en mis músculos, en tensión y listos para atacar. Con tan poca distancia entre nosotros, solo tendría oportunidad de un ataque directo. Después podría utilizar mis hechizos defensivos. No entendía como aquel ser me había descubierto, ya que yo no había visto ningún indicio mágico en él. Justo antes de que saltara hacia él, comenzó a hablar de nuevo, desarmando mi teoría.

- Quiero cazar una chica guapa, preferiblemente morena y alta- alzó un par de veces las cejas, de forma significativa- Y llevármela a bailar.
- Pues, que bien- me había dejado sin argumentos, pero intenté que no se notara en mi rostro- Que tengas suerte, Esteban.
- ¿Nunca dejas esa actitud de niñata antipática y rígida e intentas relajarte?
- Creo que no tienes ningún derecho a…

Pero no pude terminar la frase, ya que Priscila se acercó muy silenciosamente por detrás de Esteban. Extendió su brazo en nuestra dirección y de las puntas de sus dedos brotaron cinco finos hilos anaranjados, que como lenguas de fuego se enroscaron alrededor del cuello y las extremidades de Esteban. En menos de un segundo se encontró inconsciente y rígido como una estatua.

- ¡Priscila qué has hecho!- dije con horror, saltando por encima de la barra- ¡Era humano!
- Pero ¿qué dices Gaya?- Priscila abría mucho los ojos, y de un rápido salto se plantó entre el chico y yo, para verle la cara- Vaya, tiene que haber realizado un hechizo muy potente para que los ojos se le vean así.
- No lo entiendes, es humano- me cogí fuertemente la cabeza, intentando pensar que debíamos hacer- No hay ningún hechizo que pueda ocultar nuestra naturaleza de esta forma.
- Gaya, yo solo se que es el chico que nos han dicho que matemos, cumple con su descripción- Priscila miró a Esteban y a mi de forma alternante- Me voy al coche, termina tú con él.
- Pero piensa un poco, por favor.- Mi voz sonaba desesperada, pero es que de verdad lo estaba- ¿Por qué querrían los Emblematic matar a un simple humano?
- Porque ha descubierto nuestra existencia, y la de nuestra isla- dijo Priscila con una voz monótona.
- Hay muchos humanos que saben de nuestra existencia, con los que tenemos pactos.
- Yo que sé Gaya, realmente ¿qué mas da?
- Todas las personas que he matado hasta ahora son magos que han incumplido nuestras leyes,- esto último me hacía pensar en mi padre, y no podía disimular mi tristeza- nunca lo he hecho por simple capricho.
- Mira Gaya, yo solo sé que la escasa libertad de la que gozamos, depende directamente de estas misiones- me cogió las manos y dejó que un flujo de buenos momentos pasados juntas fluyera entre nosotras- Todo esos ratos buenos que hemos vivido, dependen de esto. No quiero que acaben.
- Tengo principios Priscila.
- Yo también Gaya, pero suele ser nuestra vida o la suya.- se inclinó y me dio un beso en la frente- Sabes que te quiero; te espero en el coche.

Dejé que Priscila se alejara, y con ella todos los buenos momentos que me había hecho revivir en apenas dos segundos, dejando un profundo vacío dentro de mí. Una de nuestras propiedades como brujas mestizas, era que podíamos transmitir vivencias a través del contacto físico, y también compartir pensamientos. Pero para esto era necesario tener un vínculo emocional con la persona que lo hacías, sino requería mucha concentración, y en ocasiones era casi imposible.

El pabellón de deportes aparecía ahora ante mi como una masa informe, borrosa, no era capaz de concentrarme. Sentía como si una fuerza invisible me aplastara el pecho con fuerza, obligando al aire a salir por la boca, y dejándome sin oxígeno. Miré a Esteban. Lo miré de verdad. No como suelo hacerlo con el resto de personas, ya sean magos,brujas o humanos. Intenté ver dentro de él. No sabía que aspecto tenía el mal, y eso que las personas a las que había matado se supone que eran verdaderos criminales. Pero no pude ver nada malo en él, en su cabello negro resbalándose por las mejillas, en su nariz suave, en sus ojos limpios y sinceros; nada en su expresión me indicaba maldad alguna. Se supone que yo era una ejecutora, nunca en mi vida había sido juez, ni siquiera abogada, cuando todo el mundo acusó a mi padre de traidor.

Pero en ese momento, no encontraba la fuerza para matar al chico con nombre, Esteban. Así que lo cogí por la cintura, formulé un hechizo de elevación, para poder llevar todo su peso, y lo metí en la barra. Abrí una pequeña puerta blanca, que daba acceso al almacén dónde se guardaban las botellas, y lo dejé allí, apoyado entre dos cajas de refrescos. Me levanté sacudiéndome un poco el polvo y lo miré una última vez. Un sentimiento de añoranza me inundó por unos instantes, pero como si de una araña se tratara, me lo sacudí agitando mi cuerpo y salí hacia el coche. Gaya Kinov no se dejaba llevar por las emociones, eso ya había acabado con su padre, ella no correría la misma suerte.

2

Cuando llegaron a Tridente, la señorita Esprutin nos esperaba en el aeropuerto. Tridente era la casa de todos los magos y brujas por excelencia, ubicada cerca del continente europeo. Un hechizo de invisibilidad muy potente la protegía de los curiosos humanos. Existían dos islas más, en lujares lejanos, también habitadas por brujas y magos, pero los Emblematic, los reyes dentro de Tridente, no habían desvelado nunca su ubicación.

A Tridente solíamos llegar en nuestro coches cambiaformas, llamados galopantes, que se podían convertir en coche, jeep o aerodeslizador. Las mismas compañías de coches humanas, tenían convenios con los Emblematic para construirlos en secreto.

Priscila aparcó su BMW galopante CJA, y fuimos junto con la señorita Esprutin, bajita, rechoncha y de cabello corto y rubio, al minibús que utilizaban para llevarnos a casa, de un fuerte color naranja. Por dentro el minibús tenía tres filas de asientos. La señorita Esprutin se sentó en la primera fila, y Priscila y yo ocupamos la segunda. En cuanto rozamos la suave tela del asiento, surgió ante nosotras una bandeja con un vaso de zumo y un trozo de tarta.

- Chicas estaréis exhaustas, tomaros eso mientras hablamos.

Pero ambas sabíamos que aquello no era un gesto de cortesía, sino una forma agradable y disimulada de darnos un poco de suero verdad pura. Priscila se tomó un largo trago de zumo sin vacilar, pero yo dejé reposar la comida alegando que no tenía hambre. Después empezó el interrogatorio de todos los días: qué habíamos hecho, si habíamos visto al objetivo, qué técnica habíamos utilizado para matarlo. En este punto me quedé callada, momento que la señorita Esprutin, la principal mente investigadora de los Emblematic, utilizó para posar su mirada fijamente en mí.

- ¿Y bien, Gaya? Cuéntame cómo lo habéis hecho.
- Sí, verás ha sido muy interesante.- creo que era la primera vez que me mostraba suspicaz y mentía a aquella mujer- Priscila lo ha paralizado con sus hilos de fuego, y yo finalmente le he inyectado el veneno que me disteis en el cuello.
- Vaya, parece fácil,- la señorita Esprutin me miraba algo disgustada por la sencillez de los hechos- ¿no se ha resistido?
- No ha visto venir el ataque- dije con convencimiento.
- Somos muy buenas- remató Priscila, exhibiendo su amplia sonrisa.
- Está bien, chicas. Buen trabajo. –La señorita Esprutin se dio la vuelta, no sin antes decir con voz sombría- Gaya come algo, creo que lo necesitas.

Ya que había dado por finalizado el interrogatorio, crei conveniente no contravenir los deseos de aquella bruja. Así que me tomé la tarta y el zumo y me dediqué a observar el paisaje.

En Tridente todas las calles eran desordenadas, no seguían ningún patrón, y bien podían ser de asfalto, como al momento siguiente ir pisando una pradera de césped. A aquella hora de la madrugada estaban vacías, pero aún se podía ver en alguna casa la luz encendida de algún trasnochador. Tampoco había una casa igual que la otra, en forma, color y tamaño. Podían ser de una planta y con jardín, y justo al lado tener un edificio de cinco pisos, que albergaba a algún clan mágico importante. Pronto pude ver una casita de una planta, de un fucsia muy vivo, rodeada por un pequeño jardín, en el que nos esperaba Kigo, nuestro pequeño gran perro. No era muy grande de tamaño, pero nos protegía con ferocidad si la ocasión lo requería. Tenía el pelo totalmente negro, y muy cortito. El autobús nos dejó en la puerta de casa, no sin antes preguntar la señorita Esprutin:

- Bueno chicas, esta noche entonces habéis vuelto a hacer justicia, ¿verdad?, - y aunque nos preguntaba a las dos, solo me miraba a mí.
- Desde luego, señorita- y eso sí pude responderlo sin miedo, aún llevando el suero verdad pura en mi cuerpo, porque sabía sin lugar a dudas, que era verdad.

El autobús se marchó, sin apenas hacer ruido, y Priscila y yo nos metimos en casa. Desde que mataron a mi padre en extrañas circunstancias, cuando yo tenía doce años, había vivido con ella. Mi madre vivía en España, en algún sitio que yo no conocía, solo la había visto hasta los siete años, en visitas fugaces que mi padre hacía para que yo estuviera con ella. Se supone que cuando un mago o bruja tenían un hijo con un humano, ese hijo se lo quedaban y no volvían a tener contacto con el progenitor humano. Pero mi padre siempre había intentando que recordara a mi madre, que la conociera. Las visitas cesaron, y fue entonces cuando mi padre empezó a enseñarme hechizos. Él quería que supiera luchar, pero sobre todo defenderme. Priscila no conocía a su padre, y ni siquiera tenía interés por conocerlo. Su madre, una bruja muy conocida por sus hechizos sanadores, nunca le había hablado de él. Sólo conservaba una foto que encontró en la mesilla de su madre diez años atrás.

Kigo se lanzó a nuestro regazo, regalándonos una buena dosis de lametones y pequeños mordisquitos. Abrimos la puerta de la casa y entró dando saltitos de alegría, sentándose en el mejor sillón de nuestro pequeño salón. La casa tenía un comedor, amueblado con un par de sillones en el fondo y un pequeño sofá en el lateral. Un mueble largo y bajito ocupaba el otro lateral, donde teníamos la tele y los libros de hechizos, así como un caldero antiguo de la abuela de Priscila. Además cada una teníamos nuestra habitación, separadas por un pequeño pasillo, y en el centro del mismo, la cocina a un lado y un cuarto de baño al otro.

- Gaya estoy que me caigo de sueño, me voy a acostar ya- Priscila abrió mucho la boca, en un bostezo- ¿te importa?
- Qué va cariño. Que duermas bien.- Me acerqué a ella, y le di un abrazo, para mi era como una hermana un poco loca- ¿Qué tal con tu morenito?
- Bueno, le he dado un morreo- Priscila se acariciaba el largo cabello rubio, pensativa- Pero no he notado la chispa suprema, ya sabes.

Priscila tenía la creencia de que, cuando encontrara a su media naranja, su verdadero amor, sentiría una chispa que le quemaría por dentro. Esa chispa la haría estallar en mil pedacitos diferentes, y esos pedacitos serían capaces de iluminar cada célula de su cuerpo para siempre. Y a eso le llamaba ella “chispa suprema”.

- Tranquila Prisci, el mundo es un universo sin explorar.
- Gracias nena, te quiero.- Empezó a caminar a su habitación, pero se detuvo un momento y me dijo, muy seria- Yo también odio nuestra trabajo a veces.

Y por la forma en que lo dijo, un escalofrío me recorrió de la cabeza a los pies. Caminé pesadamente hacia mi habitación, y una vez dentro, me desplomé deslizándome por la puerta. Enterré la cabeza entre las piernas y lloré. Hacia mucho que no lloraba, pero de alguna manera, sentí que tenía que descargar todo el peso que no había dejado de oprimirme el pecho. Tenía miedo, miedo porque por primera vez había empezado a dudar de las órdenes que me habían dado. Miedo porque en mi mundo empezaban a aparecer fisuras, y por estas se colaban poco a poco las dudas. ¿Por qué no había matado a Esteban? ¿Por qué querían los Emblematic matar a un simple humano?

Lloré hasta que no me quedó ni una lágrima en el cuerpo, y justo en ese momento oí como algo rasgaba la ventana. Me acerqué sigilosamente, pensando que podía ser Kigo, jugueteando. Pero después caí en la cuenta de que el perro estaba en el interior de la casa. Así que con el cuerpo en tensión, me asomé a través del cristal cerrado al exterior. No podía apreciar ningún movimiento, solo una suave brisa que movía las plantitas con flores moradas bajo mi ventana. La abrí con mucha precaución, para verificar que no había ningún intruso en el exterior. El ambiente era tranquilo, incluso un poco caluroso para estar en el mes de abril, puede que alguien hubiera hecho un encantamiento abrasador porque se le había roto la estufa.

Saqué un poco más el cuerpo para olfatear el aire, y de forma súbita una corriente muy fuerte de aire envolvió mi cintura para ir ascendiendo hasta la cabeza. Me sentía como en el interior de un torbellino, que me apretaba fuertemente todo el cuerpo, pero a su vez, en cierto modo, era una sensación agradable, cálida. Poco a poco mis pies se iban despegando del suelo, y la corriente también rodeaba mis piernas, elevándome suavemente hacia el exterior. Mi mente mandaba órdenes a mis músculos para que intentaran zafarse de aquella prisión de aire, pero no podía moverme. Poco a poco, noté como la inconsciencia se iba abriendo paso, y el aire tiraba de mí más y más lejos. Antes de perderme en los brazos del sueño profundo, unos ojos marrones muy humanos me miraron con calidez, desde dentro del torbellino, y unos labios gruesos, enmarcados en un rostro rodeado de pelo negro y liso, me besaron la frente, relajando todos los músculos de mi cuerpo.


Continuará próximamente…



Hadafitipaldi.

8 comentarios:

  1. Madre mía, me gusta mucho la ambientación usada y los personajes, espero poder leer más porque desprende imaginación por un tubo ^^ Besos

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  2. Wow, si que haz escritoo :)
    Es algo larguito, no puedo leerlo ahora, me dejas un link en mi blog así me acuerdo de leerlo luego?
    besitos

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  3. Hola!!!
    gracias por el relato!! bueno, relatos ejejej me han encantado de verdad... q intriga con lo de Esteban!! estoy deseando leerme el proximo capitulo ^^
    besos guapa

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  4. dios!Te sigo! y espero leerte pronto...

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  5. Te lo has currado muy bien. Felicidades

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  6. Muchísimas gracias a todas, chicas. Me llena de felicidad poder compartir esto con todas y que os haya gustado un poquillo. Seguiré con ello... Besazos!!!!!!!!

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  7. Aaaaaaaa! Yo a ti te mato!:)
    Porqué no continúas?

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  8. Para ser tu debut en Adictos a la Escritura, tu texto es demasiado grande.

    Aún así, tu historia muestra una protagonista con un debate interno que está poniendo en riesgo su vida desde que conoció a Esteban.

    Espero con cuidado, leer la continuación de esta historia.

    ¡Gracias, Hada Fitipaldi!

    Saludos Karuna ^^

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Me encantan vuestros comentarios, poder compartir entre todos este gran universo de la literatura y la vida en general, así que si tenéis unos minutitos podéis dejar vuestro granito de arena por aquí ¡Besos!